Dicen los achachilas que cierta vez el zorro se encontraba al lado de un río y melancólicamente observaba las imágenes que reflejaban sus aguas. Se veía a gente bailando, bebiendo y riendo. ¿Qué pasaba? Las aguas del río no hacían más que reflejar la algarabía que allá arriba se vivía: en el cielo estaban de fiesta.

El zorro, que andaba cabizbajo y pensativo, no se dio cuenta que un cóndor había bajado a tomar agua. Al verlo se le ocurrió una gran idea.

– ¿Qué pasa amigo tiwula? – preguntó el cóndor.
– Es que quiero ir a la fiesta que hay arriba en el cielo y sólo, no puedo. ¿Por qué no me llevas tata condori? – dijo el zorro.

El cóndor aceptó de buena gana el pedido del zorro y le dijo que se montara en su espalda. Volando hacia las alturas llegaron al cielo y se unieron a la fiesta. Comieron bastante, bebieron y se divirtieron.

Al cabo de un rato el cóndor buscó al zorro que andaba perdido entre tanta gente alegre y le dijo que ya era hora de volver. El zorro, entusiasmado con el festín, no quiso regresar y se quedó allá arriba. Cansado de esperar, el cóndor retornó sin su compañero a la tierra.

Acabada la fiesta, el zorro, que se había quedado solo, se fue de visita a la casa de una estrella. Como todavía tenía hambre, la estrella le alcanzó una olla de barro y le dio un granito de cañihua para que se hiciera una mazamorra. El zorro miró el grano con desconcierto y pensando que eso no iba a ser suficiente le dijo a la estrella:

– Pero ¿cómo va a alcanzar un solo grano de cañihua para los dos? Eso no alcanza ni para mí.

Y sin que la estrella se diera cuenta, rápidamente aumentó diez granos más a la olla. Así comenzó a preparar su mazamorra de cañihua mientras se le hacia agua la boca.

El zorro contento seguía en la tarea de remover la mazamorra que estaba casi a punto. De pronto la olla comenzó a rebalsar y la mazamorra chorreando, chorreando fue a dar al suelo. Como el zorro andaba muerto de hambre se puso feliz a lamer lo que caía de la olla y casi sin descansar trataba de comérselo todo. Pero la alegría pronto se convirtió en angustia pues la olla seguí rebalsándose y la habitación se iba llenando de cañihua sin que el zorro pudiera hacer nada para detenerla.

La estrella al ver su casa llena de mazamorra se puso muy enojada y colérica y a gritos le dijo al zorro:

– ¡Zonzo nomás siempre habías sido, tiwula! ¿Por qué has aumentado más cañihua? ¿Acaso no te había dado suficiente?

¡Ahora todito te lo vas a tener que comer!

El zorro, arrepentido y triste por su desgracia, se angustió más aún y, no pudiendo hacer nada, pensó que lo único que le quedaba era regresar a la tierra. Entonces se ató a una soga y fue donde la estrella a suplicarle que le ayudara a bajar.

La estrella aceptó ayudarlo y sujetó la soga para que el zorro pudiera bajar.

Camino a la tierra y cuando escasamente le faltaban diez metros, el zorro vio a un loro que volaba frente a él y, liso como era, sin más ni más, lo insultó diciéndole:

– ¡Loro lengua de papa!
– ¡Loro lengua de chuño!
– ¡Yo te puedo matar!

El loro lleno de furia por los insultos del zorro, comenzó a picotear la soga por la que éste descendía. Al ver que la soga se rompía, el zorro comenzó a gritar fuertemente diciendo:

– ¡Extiendan un frazada suave!
– ¡Extiendan una frazada rosada!
– ¡Miren que vengo del cielo!

Los desesperados gritos de zorro fueron vanos. Nadie los escuchó. A gran velocidad cayó en medio de duras rocas y su panza repleta de mazamorra se reventó.

Con la caída la cañihua se esparció por todas partes.

Cuentan los achachilas y awichas (abuelos y abuelas)que fue así como apareció este alimento en el altiplano.

Narrada por: Orfelina Mamani Otazú de la localidad de Huancane – Puno

 

Cuentan que, en una comunidad vivía una mujer con sus tres hijos, ella ya era anciana no podía trabajar la chacra y cada vez más sus alimentos que había guardado estaba escaseando. Un día cuando ya comenzaba la época de la siembra, la mujer a sus hijos les dijo: vayan a barbechar la tierra para sembrar papas, ellos dijeron: si mamá; entonces esa mañana se fueron hacer la chacra llevando su fiambre. Pero ese día no habían hecho nada los tres hermanos. En la época de la siembra les dijo: que vayan a sembrar, ellos dijeron si mamá, la madre les puso buen fiambre y los jóvenes en la parcela donde deberían de sembrar se dedicaron a jugar y se echaban. Así ellos engañaban a su pobre y triste madre. Luego llegó la época de la cosecha y la madre les ordenó que fuesen a escarbar papas nuevas, y ellos se fueron a la chacra, escogieron las mejores matas de la chacra ajena, y llevaron la papa para que cocine la madre, su madre se sintió muy contenta porque sus hijos llevaron papas grandes. Les felicitó, luego la mujer se dirigió a la chacra de papas para escarbar y miró la chacra que tenía las mejores matas y dijo: esta debe ser la chacra que han hecho mis hijos trabajadores.

La mujer empezó a escarbar, cuando estuvo escarbando se le acercó una persona y le dijo: oye mujer ociosa que haces escarbando mi chacra. La mujer le dijo: yo estoy escarbando lo que han trabajado mis hijos. El dueño le dijo: tus hijos perezosos no han hecho nada, cada vez que venía a la chacra se echaban y jugaban y por la tarde regresaban a su casa. Así la madre recibió castigo.

La mujer de pena y llorando retornó a su casa a sus les dijo: jóvenes ociosos, donde está la chacra que han trabajado, ustedes me han mentido, él dueño me a pegado por culpa de ustedes. Los tres hermanos imforecidos respondieron mamá: ahora verá la chacra que hemos trabajado, todito lo cosecharemos, mencionando estas palabras, se fueron convirtiéndose: el menor en viento, el intermedio en granizo, y el mayor en la helada.

Desde ese día, se le conoce al viento, al granizo y a la helada como los jóvenes perezoso y ladrones de la chacra.

Narrada por: Miriam Dianet Quilca Condori – Puno

 

El Zorro y Santiago

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

En una ladera estaba comiendo una llama, pero el zorro le pregunto a Santiago tu matas o yo lo mato a la Llama, el zorro se adelantó yo lo motare de tres golpes con me cola dijo, Santiago dijo empieza, el zorro corrió y a la llama empezó a golpear tres veces con su cola, no pudo matar a la llama, entonces el Santiago dijo: mi no puedes yo lo matare con un solo golpe, Santiago mato de un solo relámpago a la llama y al zorro.

El relato se cuenta en todos las zonas de aymara y quechua y nos enseña que no debemos de adelantar en los desafíos.

Había una vez un ratón muy trabajador, en la época de cosecha había recogido mas de treinta sacos de cebada, para todo el año, el pajarito era muy flojo que no le gustaba guardar los frutos y en la época de escasez siempre iba donde su vecino ratón a prestarse un saco de cebada y el ratón le prestaba según la solicitud y el pajarito regresaba contento llevando en fruto y después de una semana nuevamente volvió donde su vecino a prestarse, otro saco de cebada y le presto nuevamente el ratón y volvió contento. Paso mucho tiempo el pájaro seguía prestándose hasta que un día el ratón ya no le quiso prestar y discutieron; el ratón le dijo: vecino eres muy flojo con puro prestado nomas quieres mantener a tus hijos y solo te gusta cantar encima en las lomas de los árboles. El pajarito solo escucho.

El relato tiene el mensaje de no solo viver el momento, sino en cada momento del ciclo del año, en la vivencia campesina siempre se tiene que guardar los frutos para otras épocas del año.

 

El Paititi

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

Desde los lejanos tiempos de la Conquista se ha hablado de la existencia de “ciudades perdidas”, del legendario Paititi y de las fabulosas riquezas escondidas entre la floresta del Departamento de Madre de Dios, encaramadas en las estribaciones de los Andes que penetran como espolones en la selva virgen.

Numerosas han sido las expediciones que se han realizado para encontrarlas, sin que ninguno de los exploradores las haya localizado hasta ahora. Al respecto dice el Padre Aza en sus “Apuntes para la Historia de Madre de Dios”, que el Padre Cenitagoya, también misionero dominico, le informó sobre monumentos de respetable antigüedad encontrados en una expedición al río Pantiacolla, cuando se estableció la Misión que lleva el mismo nombre. Dichos restos, de los que antes no se tenía noticia alguna, consisten en inscripciones y figuras grabadas en roca en una tensión de once metros de largo por dos de ancho.

La codicia de los conquistadores españoles por el oro y el deseo de los indígenas de deshacerse de ellos, dieron lugar en los primeros años de la conquista a la proliferación de leyendas sobre imperios de fabulosas riquezas y bellas mujeres, enclavados en la espesura de la selva. Uno de los más interesantes relatos de este tipo es el del Imperio del Paititi, recogido y mencionado por primera vez por Alvarez de Maldonado al retorno de su desgraciada aventura al río Madre de Dios, o Amarumayo, que era el nombre con que los Incas conocieron este río.

La confusa idea, que por entonces se tenía de la región, hace que en los relatos de la época se atribuya a los ríos fantásticos recorridos por lejanos lugares. Y así, en la versión dejada por Alvarez de Maldonado sobre su expedición se mezclan y confunden los ríos Apurimac, Jauja, Jircas, Amarumayo, Manu, Etc. El hecho es que según esta leyenda del Paititi, en la confluencia del Madre de Dios y el Beni, con el río Mantaro, que se suponía se prolongaba hasta el interior de la selva amazónica, había un imperio en el que se habían originado los incas, quienes a su vez habían fracasado más tarde en el intento de conquistar a sus supuestos antecesores.

Como había sucedido con anteriores leyendas, el mito del Paititi se propagó y dio lugar a muchas tentativas de penetración en la selva de esa región, conocida también como región de los mojos, parte de las cuales se encuentra hoy en el territorio de Bolivia, en busca de las riquezas que se suponían existía allí. Desde Cochabamba y Santa Cruz salían también con frecuencia expediciones para explorar la selva amazónica, actividad que cobró inusitada intensidad cuando se generalizó la leyenda del Paititi y así, la mayoría de los gobernadores de Santa Cruz hicieron constantes intentos de penetrar en la región de los Mojos y reducirlos.

Tal fue el interés que se puso en estas andanzas que aún el Presidente de la Audiencia de Charcas, Juan de Guizarazu, preparó una expedición que no llegó a realizar, pero originó que reuniera una importante documentación sobre todas las tentativas que hasta entonces se habían realizado y sus resultados. Entre los documentos que reunió, está el relato del cura de Mataca, Diego Felipe de Alcaya, quien dice que los Incas penetraron a la región de Mojos y sostuvieron cruentas luchas con invasiones de guaraníes. Dice también Alcaya, que un general incaico, sobrino de un emperador y llamado Mango, logró someter a los indios del Paititi y su imperio llegó a tener una gran extensión.

El Conde de Castelar envió un cronista al Rey, en el que se indica la región de los ríos Madre de Dios, Beni, Mamoré y Andera y según este croquis, la región central del Imperio del Paititi se encontraría en la confluencia de los ríos Beni y Mamoré en zona que es boliviana. Pese a las numerosas expediciones realizadas por los españoles a la zona del supuesto imperio, nunca se llegó a encontrar indicios de su existencia.

 

El Mapinguay

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

El Mapinguay es un enorme y corpulento animal, de un sólo ojo y con las patas traseras como de buey terminadas en garras. La única manera de destruirlo es cortándole el ojo.

Pero cuentan de un hombre que para librar a su hijo, a quien se llevaba el mapinguay, le arrojó ácido muriático a la cara. El monstruo, lleno de rabia, soltó al muchacho y abrió la desdentada boca abalanzándose contra el hombre, instante que este aprovechó para meter su mano por la boca del animal y cogiéndole la cola con toda fuerza jaló dándole vuelta al cuerpo del mapinguay y dejando al descubierto todo su interior.

Así murió el terrible monstruo pero sus congéneres siguen vagando por la inmensa selva.

 

Por los años de 1360 dspues del dilubio y del tremendo maremoto que azoto las costas étnicas hasta Ferreñafe) llegó al valle con tremendo séquito de “gentiles (ejercito real ) luego de haber sometido tras cuenta y larga gerra a los Chimú ,el Inca Pachacutec ,con tanto estrepito que hubo temor ante el retumbar del Pututo y de los tambores multitudinarios .Se dice que los Curacas étnicos Menón ,Melén ,Ñapicca ,Colpawal,Mecca Amo y otros concentrarón a sus súbditos en este antiquísimo pueblo para tomar medidas urgentes en la creencia de que venían en pos de guerra ,pero luego se enteraron que era un Rey del Cuzco ,poderoso e invencible que lejos de buscar la destrucción ,traia un mensaje paternal de ayuda ,de enseñanza y de transformación social .Es entonces que los curacas avisaron a los “gentiles “(chasquis ) que el pueblo rogaba al Monarca acercarse sin tregua para rendirle homenaje de sometimiento y obediencia .De este modo ,estando el Inca entre nosotros ,fueron celebradas fiestas con ritos étnicos que duraron hasta días después que el Inca abandonó la comarca prosiguiendo su marcha al norte .

De aquí que se atribuye a este Inca y no a Huayna Capac,a su paso por el norte ,el haber dado orden para su construcción de un TAMPU LEROCC en nuestros despoblados ,porque el existente que conoció a su paso y cuyas ruinas se conocen como el “Tambo Colorado ” era de dimensiones estrechas e incomodo para albergar tropas reales .Agrega la tradición que el Inca se hospedo en el Tambo Real que ya existía donde ,sobre sus cimientos se construyo siglos después la casa parroquial durante el Virreynato .En este Tambo CELEBRABAN REUNIONES LOS GRANDES CURACAS ETNICOS.Que en el inicio de la conquista Española sirvió también de hospedaje a VACA DE CASTRO y al Pacificador LA GASCA ,asi como otros grandes personajes de la colonia que tenían hacer jornada obligatoria en Ccatacc Ccaos dado que Piura la actual ,no existía por entonces .EL TAMBOLERO COLORADO ,llamado así por el color de las arenas que lo circundan ,solo eraun simple hospicio de los caminantes .Sus dimensiones repito ,eran estrechas .Se ubica a tres leguas al este de Sinchao ,aproximadamente .Como no convenia para albergue de un ejercito real, los estrategas étnicos dispusieron la construcción de lo ordenado , a una legua al norte del primero en el lugar donde ,hoy por sus ruinas sirven para el mito del TAMPU LEROCC ,fantasia inventada por nuestro oborigenes que perdura atravéz del tiempo.

Y Para bundar algo más en el recuerdo de lo escuche hace mas de medio siglo cuando ya había cierto uso de razón era que el TAMPU LEROCC ,se edifico bastante suntuoso ante la promesa del Restaurador ,que ofreció volver para estrenarlo ,circunstancia que no cumplió y que mas bién se tubo noticias que el retorno al Sur lo hizo por las sierras de Huanca Pampa ,causando descontento ,porque se creyó un desaire el cambio de ruta .Los étnicos fieles a sus costumbres ,habían preparado fastuosas fiestas para rendirle honores y agasajos .Incluso depositaron valiosos regalos en el TAMPU LEROCC ,tanto de oro ,como de plata ,para darlos como presente al Inca ,los mismos que abandonaron en los depósitos para algún dia de una nueva visita que nunca más se produjo ,pero que tales obsequios fueron dejados como cosa recibida.

Comfirma también la tradición citada, el hecho de que entre las muchas doncellas que estubierón para servir al Inca durante su estadia hubo una bellísima étnica que tubo el privilegio de ganarse la simpatía del Monarca ,quien llego hasta cortejarla .Que esta guapa “palla “se considero atraída por las miradas del Inka ,de quien se enamoro inocentemente .Que obsecionada por este amor imposible ,se convirtió voluntariamente y ciegamente en permanente custodiadora del tesoro que para su amado Rey se acumulo en el TAMPU LEROCC .Quién tomo el TAMPU LEROCC por domicilio y que allí fue vista hasta envejecer .El ósculo del amor mhabia traspasado su corazón que los males de este sentimiento profundo y vanidoso le alejarón de su gleba para contraerse sólo al sacrificio de vivir alejada de este mundo en pos de una espera imposible e interminable .Alli se dice que murió y que mas tarde ,con el correr del tiempo ,su espíritu salió hecho sombra ,para popular sobre sobre los vientos y sobre las dunas ,que poco a poco fuerón sepultando al TAMPU LEROCC hasta que kas generaciones lo convirtieron en mito .Es asi que se dice que la ” Vieja Capusona ” que ” espanta” a los caminantes que se “traga” al ganado que se “come”ala gente, que sale al mediodía en pleno sol ardiente sobre las dunas ,no es otra cosa que aquella “Palla bellísima “que un dia se enamoro nada menos que de un Inca poderoso.( Version de Jacobo Cruz .)

Fuente: http://curamorihistoria.blogspot.com/1970/01/la-milenaria-cultura-del-rey-menon-cura.html

 

Cuentan viejos pescadores que desde mucho tiempo atrás, del puerto de San Pedro del distrito de Pariñas – Provincia de Talara, todos los días y a muy tempranas horas de la madrugada numerosos pescadores se hacían a la mar en sus “balsillas” (pequeñas embarcaciones artesanales, confeccionadas de troncos de palillo entrelazadas con soga, una vela detela de lona gruesa y dos remos en ambos costados que le permitían desplazarse con mayor facilidad), con la finalidad de pescar en especial peje blanco, cabrilla, y ojo de uva, por ser más apreciados por su sabor, tanto para el consumo familiar como en el mercado donde alcanzaban mejores precios y por consiguiente obtenían mejores ingresos.

Como era natural, por tratarse de una actividad riesgosa, por lo general tenían que afrontar serios problemas, pero a veces la situación se les complicaba, sobre todo cuando tenían que enfrentarse a fuertes remolinos con riesgo de perder sus vidas. Por ello a pesar de su desesperación de no poder seguir avanzado a la zona de pesca, no tenían más remedio que regresar, lamentando su mala suerte, para volver a intentarlo al día siguiente y en otras zonas.

Sin embargo, para un personaje la cosa era completamente diferente. Todos los pescadores recuerdan con asombro, la gran suerte que siempre acompañaba a un pescador llamado Teófilo, que a excepción de los demás, era el único que lograba hacer faena, pues regresaba con su pequeña balsilla cargada de pescado. Esta hazaña sin precedentes, era el tema cotidiano de los comentarios que se hacían en el pueblo.

Cuentan los pescadores que cuando salían de pesca, Teófilo sin dar razón alguna como siempre se alejaba de ellos en dirección de la zona del cerro La Capullana. Por lo general siempre se encontraba parado sobre un peñazco, dando la impresión como si se hubieran puesto de acuerdo, porque un negrito con el cordel en la mano y alzando el brazo le indicaba con gran acierto el lugar preciso donde se encontraba el banco de pescado. Por este motivo la pesca de Teófilo era exitosa y en consecuentemente retornaba al puerto con gran exactitud, a las seis de la mañana con su balsilla llena de pescado.

Comenta mucha gente que conoció a Teófilo, que esta suerte que Dios le había concedido le acompañó por muchos años, hasta que un día la noticia de que no había regresado sorprendió a todo el puerto. Según parece a causa de un gigantesco remolino que se lo llevó al fondo del mar. Otros afirman que fue el mar que se apoderó de su cuerpo. Sólo se sabe que parte de su ropa fue encontrada en el interior de una de las cuevas del cerro de La Capullana, donde el ánima de Teófilo permaneció encantado por mucho tiempo.

Refieren que un buen día sus familiares recibieron el Concejo de un curandero experto en asuntos de encantamientos, quién les planteó que la única forma de que Teófilo se libere del “encanto”, era llevando un niño recién nacido y moro (sin bautizo) y dejarlo sobre una pequeña balsilla en el lugar donde se hundió el pescador. Para felicidad de sus seres queridos fue así como Teófilo logró liberarse del “encanto”.

Desde entonces todos los Viernes Santos este “encanto” se manifiesta, pero sólo son los familiares de Teófilo los únicos que llegan hasta la cueva y afirman que en varias oportunidades lo ven con un parecido a la figura de un pastor con su rebaño. Aseguran también que es así como se ha cumplido la misión que el “encanto” le pidió en agradecimiento y retribución por el buen pescado que generosamente el pescador todos los días ofrendaba al cerro La Capullana.

Fuente: http://enigmagico.blogspot.com/2007/11/tefico-el-pescador-el-encanto.html

 

Los Tallanes

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

Cuentan los cronistas de la Conquista que según los propios tallanes, pobladores prehispánicos de la costa piurana, hubo en tiempos milenarios otros moradores que vencieron al desierto. Eran hombres que “vivían más en la mar que en la tierra”, trasladándose de un lugar a otro en grandes balsas movidas a remo y vela, dedicados a la pesca, que se proveían de agua y vegetales desde lugares lejanos, y que acampaban en medio del desierto para estar protegidos de sus enemigos. Su origen en estas tieras se pierde en la bruma de los tiempos pretéritos pero ya se les encontraba en el siglo VII de nuestra era conforme los vestigios encontrados consistentes en cerámica utilitaria, morteros de piedra y objetos también de piedra utilizados en la guerra. Se extendieron desde Tumbes por el norte hasta Olmos y Morropón por el sur, conforme lo determinó la antropóloga doctora Josefina Ramos de Cox, determinándose que sus vestigios arquitectónicos mayores son los encontrados en Catacaos, en Narihualá y en otras zonas del valle del Bajo Piura.

Al llegar los tallanes a la región, provenientes de la sierra, estos primeros habitantes huyeron hacia el norte para no regresar más pero otros se quedaron asimilándose con los recién llegados. Los tallanes resultaron ser eximios agricultores.

Pero los tallanes no fueron los primeros pobladores. Los antecedieron muchos otros entre los que destacaron los Vicús, conocidos por este nombre pues sus restos fueron hallados en la sexta década del pasado siglo XX en la hacienda del mismo nombre, ubicada cerca de la ciudad de Chulucanas en el valle del Alto Piura. La civilización Vicús floreció hace más de dos mil años y se encontraron gran cantidad de objetos utilitarios de metal, restos funerarios así como se cerámica, muy admirada en los museos por el naturalismo con la que representaban su mundo (actividades cotidianas, flora, fauna), pues sus edificaciones desaparecieron hace mucho tiempo con los innumerables mega Niños acontecidos periódicamente y desde siempre en nuestra región pero se tiene perfecta idea de cómo eran por los ceramios que las representan (casas, palacios, templos). Los últimos estudios científicos en su metalurgia concluyen que por su ubicación geográfica los Vicús constituyeron un centro de intercambio cultural entre el sur del antiguo Perú con el norte hasta la actual Colombia.

En la antigua Piura se ubicaron numerosas etnias organizados en clanes que dieron lugar al nacimiento de los pueblos que ahora se conocen, éstos establecían disputas entre ellos para el dominio del territorio y manifestar así su poderío frente a los demás, prevaleciendo los tallanes. Víctor W. Von Hagen estima que los yungas, etnia costeña a la que pertenecían los tallanes, practicaban la monogamia y que solo los dirigentes y quienes tenían muchos medios económicos tenían harenes de mujeres quienes tenían iguales derechos que los hombres y tal es así que a menudo la mujer llegaba a ser jefe de tribu.

Estas comunidades que en la costa eran tallanes luego fueron invadidas por los ejércitos incas, que con fiereza los capturaron, destruyendo sus construcciones y objetos, todo esto ocasionó que el dominio inca se impusiera en nuestro departamento pero mayormente en la sierra y no tanto en la costa. Esto se explica por el hecho incontrovertible que los incas eran serranos, oriundos de la zona altoandina.

 

La Yacumama

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

Tradición, mito o leyenda son los relatos que desde tiempos inmemorables van de boca en boca entre los habitantes de la selva, estremeciéndolos de pavor, especialmente en las noches de luna cuando un abuelo los cuenta.

En lo profundo de un bosque impenetrable por su exuberante vegetación, había un lago muy poco conocido por los que vivían en las proximidades de ese lugar.

Simulaba ser sumamente tranquilo, apacible, en suma, un remanso de paz; pero, lamentablemente era lo contrario.

Así lo aseveraban quienes habían llegado a él, pues sabían que tenía “madre” y que ella celosamente cuidaba ese lugar, persiguiendo sin piedad al que por desgracia se atrevía a pescar en sus aguas.

Así llegó cierto día un pescador que siguiendo el curso de un riachuelo desembocó en él; desde el primer momento que lo vio, se sintió feliz porque creía que era el primero en llegar y pensó: al fin podré realizar una “pesca milagrosa” en esta laguna olvidada, que debe estar llena de peces.
Infelizmente no fue así; al penetrar en el lago, lo primero que hizo fue ubicar un lugar para arrojar su tarrafa y aunque se sentía intrigado por el movimiento del agua, siguió remando confiado; pero el vaivén continuo de su canoa, siguió preocupándole hasta que sintió que algo salía del fondo del lago.

Rápidamente volvió para averiguar… ¿qué era eso?, y vio una terrible cabeza, suspendida a casi un metro de altura sobre la superficie del agua moviendo su monstruosa figura de orejas paradas y sacando su lengua puntiaguda.

Inmediatamente dio vuelta su canoa, metió su remo con fuerza hasta el fondo del agua para impulsarse mejor y en esos instantes apremiantes para colmo de males, notó que las plantas de la orilla venían a su encuentro, cerrándole el pase como si obedecieran a no se qué designio; terriblemente asustado, giró su cabeza para ver que ocurría con la fiera y comprobó que ella le perseguía a toda velocidad.

En ese momento, aterrorizado levantó sus ojos al cielo y clamó ayuda al Dios Todopoderoso, convencido que él no podía hacer nada para librarse con vida de ese monstruo lacustre.

Y realmente, el Señor escuchó su súplica, porque inexplicablemente cayeron al lago cuatro sachavacas peleando y mordiéndose como fieras, produciendo un tremendo ruido.

Ese terrible estruendo asustó a esa serpiente, que no era otra cosa que la terrible Yacumama, que velozmente se sumergió en su lago.

Incomprensiblemente, las plantas acuáticas también volvieron a su posición inicial y todo quedó en calma, pues hasta las sachavacas se escaparon viendo a la horrible Yacumama.

El pescador que advertía estupefacto todo cuanto sucedía. No quiso perder un segundo más, y se alejó de este fatídico lago, antes que la Yacumama le cerrara el paso nuevamente.

Lamentablemente no llevó ni un solo pez, porque “la madre” de esa laguna no quiso regalarle sus pacos, sardinas, sábalos, bujurquis, lizas y gamitanas.

AI respecto, se cuenta que cuando alguna persona común se acerca a las orillas y penetra a esos lagos encantados, se desata sorpresivamente una tormenta infernal que hace zozobrar la embarcación y la persona se ahoga irremediablemente.

 

El Chaco Pesca

On 28 enero, 2011, in Las mil y una noches andinas, by admin

Era motivo para conocer al hijo del gran hacedor del cielo, del agua, el aire y la tierra, creador de todos los seres que viven en este planeta, conocer al descendiente del hijo del sol, el gobernante del gran imperio, que estaría presente y dar inicio a la festividad del “Chaco Pesca”. Vendrían de todas las poblaciones cercanas de los valles vecinos y todo lugar de donde se podía llegar para vivir este acontecimiento y conocer a su inca. La expectativa era grande.

El Inca se situaba estratégicamente en el lugar hoy conocido como “Los Pacaysitos” donde se celebraban algunos ritos religiosos en el “UNOS” lugar también donde se realizaban las celebraciones principales; recibía el saludo del pueblo, después de recibir el saludo de los principales jefes de la zona pasaba a recibir a los competidores a quienes les arengaba para que desempeñaran de manera optima en la competencia , se retiraba a lo alto del cerro denominado el Castillo, donde apreciaba a la belleza del valle en toda su magnitud.

Cuando los participantes estaban en el agua con sus balsas y atarrayas, esperaban que el Inca levantara la mano y la bajara para que de inicio a las competencia , a pesar del caudal que tenia el río, la destreza de los competidores hacían ver que no era ningún obstáculo desplazándose con facilidad sobre el agua.

La prueba consistía en navegar primeramente desde los Pacaycitos hasta el chiflón a la vez pescar durante el trayecto lizas, pejerreyes y camarones, llegaban al chiflón y retornaban corriendo hasta huacapuy, El que llegaba primero y la mayor pesca era el ganador.
En las riveras del río los pobladores se apostaban para ver el espectáculo y dar ánimos preferenciales a sus admirados, los alentaban durante todo el trayecto haciendo que los competidores eleven el ánimo para remar y luego correr.

El premio al ganador era la mas bella, hermosa, soltera y joven ñusta de la región que previamente el inca para esta festividad era entregada por el mismo inca como trofeo y anunciaba la apertura de la pesca de los camarones.
Recompensa que recibían todos los pobladores que habían respetado la temporada de veda, ya que aquel que pesco en esa época era castigado con la expulsión del poblado no solamente el sino inclusive su familia por cometer este delito contra el respeto a la naturaleza y el sustento alimenticio de sus semejantes, además de no haber cumplido con el mandato del Inca.

Después de terminada la competencia y la apertura a la pesca, seguía la fiesta que duraba varios días, presenciando las danzas traídas de la sierra de la selva y por su puesto las danzas de la costa donde bailaban propios y extraños hasta agotar la ultima de sus energías, saboreando las sabrosas capiscas de camarones y pescado tanto del mar como del río.

Fuente: Leyendas de Perú